30 de Abril de 2017| Última actualización 11:06 GMT

EDUARDO ARZANI

Cargo: Director

Empresa: OICEX

Área: Dirección

Ciudad: Buenos Aires

La integración argentino-chilena: un desafío urgente

Del entendimiento a la integración

Eduardo Arzani – Antonio López Crespo | 09 Octubre del 2014

Reiteradamente a lo largo de las últimas décadas, las máximas autoridades de Chile y Argentina han señalado que “la integración entre ambos países es el gran desafío común para el siglo XXI”. En ese contexto, el Tratado de Maipú de Integración y Cooperación, firmado el 30 de octubre de 2009, que sustituyó al Tratado de Paz y Amistad, firmado hace 25 años (1984), constituyó un acuerdo inédito entre las dos naciones en el sentido de profundizar las relaciones bilaterales. El escenario de la firma de ese tratado -la comuna de Maipú, donde en 1818 un ejército chileno-argentino capitaneado por los generales Bernardo O'Higgins y José de San Martín derrotó a las tropas españolas y selló la independencia de Chile- respondía a la firme voluntad de consolidar una historia y un destino común.

Con más de 5.500 kilómetros de frontera, Chile y Argentina comparten un espacio común único en el mundo. Y en especial, el sur binacional es una parte privilegiada de ese espacio común.

Pero, sin embargo, aún nos falta la percepción geoeconómica y geopolítica de lo que juntos representamos en el mundo, en cuanto a fuentes de recursos naturales y potencial de trabajo y riqueza. Como ha señalado el ex embajador de Chile en Argentina, Luis Maira “…Ninguno de los países de América del Sur es bioceánico. Canadá, EEUU y México sí lo son. Por lo tanto, cuando uno dice que está condenado a la cooperación y entendimiento, está hablando de que, si nuestros países se cortan una mano y tienen sólo acceso a su cuenca propia, estarían reduciendo su posibilidad de acción en el nuevo mundo global. Por eso, la integración es una tarea de Estado”.

En el actual contexto global, la integración binacional se presenta como una tarea urgente, cambiando disputas y competencias por el esfuerzo de un desarrollo y crecimiento conjunto y justo. Abastecer los gigantescos mercados mundiales que han emergido (1.000 millones de nuevos consumidores; 2.000 millones más en los próximos 20 años) supone una enorme posibilidad de incorporar riqueza y bienestar a nuestros países si somos capaces de compartir en lugar de competir, potenciando nuestras fortalezas individuales.

Mucho es lo que se ha avanzado: inversiones recíprocas (capitales chilenos en 15 de las 23 provincias argentinas); acuerdos de Complementación Económica; fuerte aumento del comercio bilateral (10 veces en los últimos 18 años); aumento del turismo y las inversiones inmobiliarias; mejoras en las vías de comunicación binacionales; marcado incremento del flujo de visitantes entre los dos países; consolidación de los Comités de Integración, etc.

Esos avances han generado un regionalismo binacional en función del cual Chile se consolida como la puerta natural hacia los grandes mercados del Asia. El Pacífico -como eje del comercio mundial- adquiere un rol decisivo en la necesidad y conveniencia para pasar del entendimiento a la integración. Y advertir, a la vez, las potencialidades de un mercado africano hoy en condiciones de expandir sus importaciones atendiendo a las necesidades de sus casi 1.000 millones de habitantes de los que –como señala el Banco Mundial– ya un tercio pertenece a clases medias en ascenso, que crecen con una extraordinaria dinámica.

Es, por tanto, urgente y posible avanzar en una segunda fase de ese proceso integrador:

1. En la proyección de intereses comunes en los foros de mayor gravitación mundial: Chile desde APEC, Argentina desde el G20.

2. En el proceso de encadenamientos productivos.

3. En el desarrollo de planes estratégicos regionales comunes a partir del análisis de las estrategias de los grandes actores globales.

4. En estrategias comunes de defensa de la Antártida y las reservas naturales estratégicas.

5. En estrategias consensuadas de resolución del abastecimiento energético.

6. En el ámbito de la cooperación científica, tecnológica, en la generación de nuevos desarrollos y en la articulación de los sistemas universitarios y de conocimiento.

La globalización que había mostrado los límites del modelo de Estado-nación, con la crisis global dejó al descubierto sus propias limitaciones y ciertos procesos de desglobalización, balcanización y reacomodamiento regional. Emerge un nuevo mundo hexapolar, con regionalismos muy fuertes: EEUU y su área de influencia (Canadá, México, el Caribe, y posiblemente Centroamérica); UE, con problemas internos de cohesión; Rusia, con su zona de dominio en la región de Cáucaso y Asia Central; China (a lo que debe sumarse la llamada China mayor y su área de influencia); India y su periferia y Brasil con el resto de Sudamérica.

En ese nuevo orden mundial, se hace urgente que seamos capaces de construir nuestra integración política, económica y territorial no sólo en la perspectiva de la unidad regional sudamericana, sino en el marco de la integración chileno-argentina y de manera singular, de nuestro sur binacional.

En el trabajo que de manera conjunta han venido realizando en distintos ámbitos en el Sur Patagónico Binacional, tanto las Regiones de Los Lagos y de Los Ríos, como las Provincias de Río Negro, Chubut y Neuquén, la Corporación para el Desarrollo del Corredor Bioceánico Norpatagónico, Codeproval, etc. y los sectores productivos a ambos lados de la Cordillera, se han dado importantes pasos para consolidar y dinamizar un modelo de integración.

La integración del Sur binacional es parte del camino de integración sudamericana que es nuestra mejor posibilidad de supervivencia en un mundo globalizado. Su fortaleza reside no sólo en sus potencialidades naturales. El encadenamiento productivo a ambos lados de la Cordillera estimula la obtención de rendimientos crecientes de las inversiones, lo que contribuye a su vez, a aumentar la productividad, fomenta la creación y desarrollo de empresas y de clusters, condición necesaria del proceso de desarrollo.

Esos encadenamientos propician la aparición de economías externas de escala y la reducción de los costes de transacción. La integración y el encadenamiento de nuestras producciones nos abre la oportunidad de alcanzar mercados de más de 4.000 millones de habitantes en un mundo que requiere de nuestras materias primas, de nuestros alimentos, en un contexto mundial inédito de mayores márgenes de decisión autónoma y de intercambio Sur-Sur.

Los estudios BID que oportunamente acompañaron la formulación del Master Plan del Corredor Bioceánico Norpatagónico dejaron como una de sus más contundentes conclusiones, las extraordinarias posibilidades que se abren de estructurar una estrategia de comercio internacional en común en la región y la consiguiente necesidad de estudiar los potenciales encadenamientos productivos entre las producciones de las Provincias argentinas de Rio Negro, Chubut y Neuquén con la producción de las Regiones chilenas de Bio Bio, Araucania, de los Lagos, de los Rios y Aysen).

Se trata de lograr el mejor aprovechamiento de las oportunidades comerciales que generan para la región binacional, la red de acuerdos comerciales suscritos por Chile, que, permiten a las exportaciones realizadas con ese origen, contar con un acceso a un mercado preferencial de 57 países (90% del PIB mundial y alrededor de 4.000 millones de habitantes).

Ambos países son socios naturales y tienen en común una de las más extensas fronteras del mundo. Pero además en la Región Patagónica binacional existen especiales vínculos conformados por la cultura, el paisaje, el intercambio de bienes y servicios, etc. que muestran una extraordinaria complementariedad.

En este contexto, los exhaustivos estudios encarados por ProChile y DIRECON han puesto de manifiesto una serie de posibles negocios por encadenamientos productivos chileno-argentinos con China, Corea del Sur, Estados Unidos y México. Definidos como destinos potenciales, esos mercados se escogieron teniendo en cuenta el nuevo orden mundial y la relevancia adquirida en los últimos años por Asia Pacifico en el comercio mundial. Según los organismos internacionales y las más importantes usinas de pensamiento global, esa tendencia se prolongará y acentuará a lo largo de todo el siglo XXI como ya puede verse en la expansión de India y diversas naciones de la península de Indochina y el Sudeste asiático (Vietnam, Tailandia, Indonesia, Malasia, etc.). Por su parte, EEUU y México, son grandes economías y miembros del NAFTA, una región central en la economía mundial.

Si bien son visibles las ventajas que trae consigo un encadenamiento productivo como el planteado –superación de problemas de escala, incremento del volumen de exportaciones, fortalecimiento del entramado empresario/productivo– es necesario señalar que no se trata de vender productos de un país a otro, sino de abordar juntos ese mundo de oportunidades con un sentido estratégico de integración binacional. Los extraordinarios consensos regionales establecidos en el norte de la Patagonia a lo largo del desarrollo del proyecto estratégico del Corredor han mostrado que existe el convencimiento a ambos lados de la frontera que los beneficios compartidos entre Chile y Argentina de la red de acuerdos comerciales suscritos, se refuerzan por los volúmenes potenciales de la producción argentina y la cercanía geográfica, que implica ventajas en costos de transportes y rentabilidad final.

Esos acuerdos comerciales alcanzados por Chile lo colocan como un socio estratégico fundamental para alcanzar el definitivo desarrollo de la Región Patagónica binacional.

Pero ello requiere decisión política y celeridad para aprovechar cabalmente las oportunidades. Colombia ha firmado un acuerdo de encadenamientos productivos para conformar con Chile la plataforma comercial hacia el Asia Pacifico. En esa carrera, Argentina aparece claramente como el país más rezagado. Brasil cuenta con años de experiencia en materia de políticas industriales pro desarrollo y en estos momentos se encuentra dando nuevos incentivos a la producción, con rebajas de impuestos y créditos para paliar el impacto de la crisis internacional. Chile tiene la ventaja de una vasta política comercial internacional de carácter cosmopolita. En Argentina, mientras tanto, persisten restricciones, barreras comerciales y una cierta morosidad en percibir la importancia estratégica del encadenamiento productivo como un proyecto regional.

En su tesis “The World Needs Better Economic BRICs”, Jim O'Neill –como muchos otros pensadores económicos-, plantea que China será antes del 2050, el país con el PBI más alto del mundo. En ese contexto, la demanda china de alimentos (como también en India) será creciente. Un ejemplo lo pone de manifiesto: China no es sólo el segundo productor de alimentos para animales sino también el primer importador. La importación de harina de pescado por parte de China ocupa el 40% del volumen total de la producción mundial y constituye una de las tres principales exportaciones chilenas a ese mercado. Según FAO/ONU, la incorporación de pescado a la alimentación humana ha desatado un brusco aumento en su demanda, que sólo podrá satisfacerse produciéndolos mediante cultivos marinos ya que la pesca extractiva ha llegado a su tope biológico y se manifiesta como otrro sector de extraordinario potencial regional. (Informe “Apoyo a las actividades regionales de acuicultura en América Latina y el Caribe”, FAO). Las potencialidades de ese sector para la región son extraordinarias. Pero también pueden visualizarse nichos en preparaciones alimenticias, jugos de fruta, preparaciones para alimentos de animales, trajes de lana, productos cárnicos bovinos y ovinos, y muchos más que permitirían implementar proyectos de encadenamientos productivos exitosos. Cabe considerar además el aprovechamiento de la capacidad cientifico-tecnologica instalada en San Carlos de Bariloche como parte de las oportunidades a explorar en conjunto.

Sin duda, Argentina es un socio natural para Chile, pero el intercambio comercial que mantienen es aún escaso frente a las potencialidades. Falta terminar de comprender la extraordinaria dimensión estratégica de una integración entre ambos países hermanos. Aún falta mucho por hacer.

Como destacara Iris Boeninger, responsable en su momento del Departamento Económico de la Embajada de Chile en Argentina y hoy Directora de ProChile “si nos aliamos con encadenamientos productivos podemos llegar a cubrir parte de lo que aquellos países compran, abriendo nuevas oportunidades para los empresarios argentinos y chilenos, tanto en los mercados de exportación consolidados como en la búsqueda de nuevos destinos para sus productos”.

Los encadenamientos productivos son el nuevo desafío de la política comercial externa para lograr un mayor aprovechamiento de las oportunidades generadas por un mundo que prioriza cada vez más el suministro de alimentos y de materias básicas para el desarrollo. Con un horizonte planetario hacia el 2050 de casi 10.000 millones de habitantes con 2.000 millones de nuevos consumidores incorporándose a la clase media mundial, ningún país podrá satisfacer la magnitud y diversidad de esa demanda de manera individual. Es urgente que lo comprendamos.

 


Eduardo Arzani, Licenciado en Comercio Exterior, fue Ministro de Comercio Exterior, Turismo e Inversiones de Chubut entre 2009 y 2011 y Ministro de Producción de Chubut entre 2012 y 2013.Ha sido profesor de la UCLP y la ARLOG, Coordinador de Proyectos del BID y del PNUD. Ha sido Gerente General de la Zona Franca de Comodoro Rivadavia y Gerente Comercial de la Zona Franca de La Plata. earzani@marcotradenews.com

Antonio López Crespo, Abogado. Especialista en Relaciones Internacionales, fue asesor del Ministerio de Economía y Producción de la Nación para las Relaciones Internacionales con Asia Pacífico entre 2002 y 2007. Autor de varios libros entre ellos: “China y el nuevo orden mundial” y “La tierra dice basta”. Es Profesor invitado de la Universidad de Pau, Francia, miembro del Comité Académico de diversos Posgrados en el país y en el extranjero, profesor titular de Economía Internacional en las Universidades Nacional de La Matanza y Palermo. Ha sido Vicerrector de Universidades públicas y privadas (Lanús e Interamericana), Coordinador del Consejo de Planeamiento Estratégico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y consultor del Banco Interamericano de Desarrollo.

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