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Cachemir de Mongolia

Es uno de los materiales más valorados de la industria de la moda y viene de las altas cumbres del Himalaya. Famoso por su suavidad y delicadeza, el mongol es además el más fino, largo y versátil.

Lucía Marroquín | 17 Marzo del 2016
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Desde las heladas cumbres de Mongolia hasta las tiendas de moda europeas, el cachemir pasa de las manos de las familias nómadas a las de sofisticados diseñadores, que la transforman en uno de los materiales más delicados y caros del mundo.

 

Producido por la cabra hircus, nativa de los Himalayas, que soporta temperaturas extremas, el cachemir es una de las fibras más apreciadas por su versatilidad, fineza y calidez.

 

Las cabras producen una capa fina y delicada de pelusa que está por debajo de la lana externa, mucho más gruesa. Es de aquella capa interior de donde se extrae el cachemir, material térmico capaz de aislarlas de las bajísimas temperaturas de las regiones donde viven: Mongolia y China principalmente, aunque también Australia, India, Irán, Pakistán, Nueva Zelanda, Turquía y Estados Unidos.

 

En general, las cabras viven a unos 2.500 metros de altura, donde llega haber hasta 35 grados bajo cero.

 

Son las familias nómadas quienes crían las cabras y se encargan de peinarlas para extraer la fibra en primavera, cuando los animales se preparan para la siguiente temporada de frío.

 

Esta operación sigue siendo manual a pesar de los siglos, ya que el peinado requiere una delicadeza imposible de delegar a una máquina.

 

Con el material obtenido, se pueden fabricar prendas tejidas o hacer telas para cortar y armar pantalones, chaquetas o mantas. Cada animal produce unos 200 gramos de fibra, con lo que se puede hacer una bufanda. Sin embargo, se necesitan hasta seis cabras para una chaqueta.

 

Aunque la lana cruda se puede teñir, muchas marcas prefieren usar los tonos naturales, que oscilan entre blanco y beige, con algunos tonos más oscuros de acuerdo a la zona.

 

El más versátil

 

David Mallin y David Lee han estado en el negocio del cachemir desde 1980.

Son los dueños de Cashmere Fibres, donde Lee se ocupa de la obtención del material crudo y Mallin trabaja en el marketing. “Entre los países que manufacturan el cachemir, China es el mayor y el que más exporta, mientras que Italia es el mayor en Europa”, explica.

 

Su empresa, ubicada en Reino Unido, es proveedora independiente de cachemir de China, Mongolia, Afganistán y otros productos textiles de lujo, como angora, seda y alpaca. Tienen una oficina en Huhhot, capital de la Región Autónoma de Mongolia Interior de la República Popular China y otra en Ulaanbaatar, Mongolia.

 

“Cada cachemir tiene características diferentes —cuenta Lee—. El de Mongolia es el más largo y versátil. Los cachemires afganos o iraníes son considerados de menor calidad pero son mejores para productos tejidos.”

 

Según Lee, la fibra promedio de cachemir mongol mide alrededor de 16.5 micrones y tiene entre 38 y 40 milímetros de largo. Se puede usar para el hilado de lana, calcetería y productos tejidos.

 

Cachemir en España

 

Una de las marcas españolas que ha puesto este material en el centro de su producción es Bel Cashmere. Nacida en 2014 con su primera colección de otoño/invierno, elabora sus prendas íntegramente con cachemir de Mongolia.

 

Para Adriana Poveda, su creadora, la calidad del material mongol se ve en su largura y finura, y se explica por el clima extremo de la zona, con temperaturas que llegan a los 45 grados bajo cero en invierno. “Esto hace que las cabras hircus de este territorio tengan que desarrollar la mejor y más cálida pelusa interior para protegerse del frío”.

 

Las prendas de Bel Cashmere se producen también en Mongolia. Llegadas a España, donde se hace la dirección artística y el diseño, se venden en Madrid, Barcelona y Bilbao, además de online.

 

La colección incluye una línea de accesorios —bufandas, pañuelos, chales, estolas, guantes, gorros—, una de ropa de mujer —abrigos, chaquetas, jerseys— y la colección hogar con una línea de mantas.

 

El cachemir se puede apreciar en ellas en sus tonos naturales, aunque también hay varias en vibrantes colores como el azul, verde, rojo o rosado intenso.

 

A futuro, la marca espera expandirse hacia el mercado de la moda masculina.

 

Poveda es además socia de la empresa Global Mongolia, que brinda servicios de asistencia y consultoría para establecer negocios y relaciones comerciales con Mongolia.

 

“En Global Mongolia buscamos promover el intercambio comercial de proyectos, productos, bienes y servicios entre España y Mongolia y satisfacer la oferta y la demanda de ambos países”, cuenta Poveda y recuerda: “Los continuos viajes a Mongolia me llevaron a descubrir el maravilloso cachemir de allí. Conocer este mundo y este material tan maravilloso, junto con mi pasión por la moda me llevaron a crear la marca Bel Cashmere”.

 

Ofrecen redes comerciales propias en Mongolia, para comercializar los productos y servicios de sus clientes. También trabajan en la captación de proyectos de desarrollo en el país oriental, desde la labor de consultoría hasta su materialización con empresas españolas. Además, preparan las licitaciones internacionales en Mongolia —ya sean públicas o privadas— y asisten a las empresas en la negociación de condiciones de los contratos.

 

Global Mongolia tiene alianzas estratégicas con proveedores, que garantizan el transporte de mercancías entre España y Mongolia, ya sea por vía marítima, aérea o terrestre.

 

Poveda es socia de la empresa y desde enero de 2014 es Cónsul honoraria de Mongolia en Madrid: “Le aportamos conocimiento, contactos y soporte a cualquier empresa que quiera entrar en el país, a través del Consulado Honorario y de Global Mongolia”, cuenta.

 

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