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Cae un mito: la globalización no es la muerte de la distancia

Antonio López Crespo - Editor Jefe del Grupo Marco. Consultor BID. Ex profesor de Negocios Internacionales en Francia y Argentina | 19 Febrero del 2018
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Autor imagen: Alex Proimos

Un estudio de PriceWaterhouseCoopers (PWC) avala la necesidad de integración regional para mejorar la capacidad exportadora de América Latina y en especial, de Sudamérica.

 

En 1998, la prestigiosa economista y periodista británica Frances Cairncross publicó un extraordinario libro llamado “La muerte de la distancia”, donde planteaba el impacto de las comunicaciones en la vida de las empresas y cómo, de manera creciente, la geografía, las fronteras e incluso el tiempo, apenas tendrían que ver con la forma de dirigir nuestra vida personal y también nuestros negocios.

 

En gran medida, el trabajo de Cairncross resultó profético: nuestras relaciones personales, laborales o de negocios pueden establecerse en cualquier parte del mundo y la revolución de las TICs permite nuevas formas de comunicación, capaces de diluir las distancias, transformando de manera sustancial las formas de nuestros vínculos.

 

Es cierto que el cambio fue profundo y decisivo y que el mundo se ha hecho más pequeño y próximo. Pero no alcanza para terminar con la distancia en todos los campos de la actividad humana.

 

Tres años después, en The economic geography of the internet age, Edward Leamer y Michael Stoper (2001) reflexionaron sobre cómo y en qué medida Internet afectaría la ubicación de la actividad económica y cómo, incluso después de las sustanciales mejoras de transporte y comunicación, durante el siglo XX, la mayoría de los intercambios de bienes físicos continuaban teniendo lugar dentro de 'barrios' geográficamente limitados.

 

Para los autores, pese a que los avances informáticos redujeron notablemente los costos de transacción a partir del siglo XX, la localización y la distancia siguen jugando un papel sumamente importante en la cadena de intercambio comercial. Es cierto que los avances en comunicación mejoran e incluso, crean rutas de comercio, facilitan las negociaciones que puede ahora monitorearse a distancia y tornan al comercio más amigable y accesible.

 

Pero para Leamer y Stoper, en las grandes transacciones económicas, la ubicación geográfica y el entorno siguen siendo determinantes. Pese a las notables mejoras en los transportes y en las telecomunicaciones con una sustantiva reducción de costes y la enorme contribución de Internet para que las transacciones económicas se realicen en mayor cantidad y velocidad, con facilidades como el e-commerce, que en conjunto podrían haber supuesto que la distancia física perdiera relevancia, ello no ha sucedido: la distancia con los socios comerciales sigue siendo un factor muy importante.

 

Un reciente estudio de PriceWaterhouseCoopers (PWC), encarado por expertos como David Armstrong, Joel Strange, Swati Utkarshini y Laura Gatz-Schulz, realizó un análisis sobre datos desarrollado por Head y Disdier en 2008, a los que actualizó con una década de nuevos datos hasta  cubrir unas 1.700 estimaciones de más de 100 publicaciones de la literatura económica.

 

Las conclusiones son apasionantes: contra lo esperable, la relevancia de la distancia no ha disminuido, sino que continúa siendo un factor clave para explicar la geografía de los flujos de comercio internacional e incluso ha aumentado. Y no sólo en el comercio de bienes donde existe desplazamiento físico sino también en el de servicios.

 

Pero la realidad es que la distancia geográfica como barrera al comercio internacional no ha desaparecido, sino que permanece constante desde hace casi dos décadas, tras haber descendido fuertemente durante las décadas anteriores. Este hecho se conoce como el enigma o rompecabezas de la distancia, la mayor parte del crecimiento en el comercio internacional producido durante los últimos años se ha dado entre países relativamente cercanos, a pesar del descenso de los costes de comercio arriba mencionados. En el resto de factores considerados se encuentran la adyacencia, el compartir una lengua común y en general cualquier factor específico que cada país pueda tener.

 

Esta semana en la página del Real Instituto Elcano España, del que es miembro del Consejo Científico, Enrique Fanjul, profesor del Master de Relaciones Internacionales de la Universidad San Pablo-CEU, publica un interesante artículo sobre el trabajo de PWC. al que hacemos referencia, al que titula: “La geografía del comercio internacional: la distancia sí importa”.

 

Allí se interroga “¿Por qué la distancia sigue siendo tan determinante en el comercio internacional?” Y señala varios elementos cuya importancia considera muchas veces minusvalorada: “Los acuerdos comerciales. Los países próximos geográficamente tienen más propensión a negociar acuerdos de liberalización comercial entre ellos, y éstos contribuyen lógicamente a impulsar el comercio. La Unión Europea, Mercosur, TLCAN son algunos ejemplos de acuerdos comerciales entre países próximos geográficamente; Proximidad cultural. Los países más próximos geográficamente tienen también más tendencia a ser más parecidos culturalmente. Y los factores culturales desempeñan un papel destacado en la internacionalización de la empresa….las diferencias culturales siguen teniendo un peso. Incluso entre países europeos las diferencias culturales son significativas y afectan a los negocios; La confianza y las relaciones personales. En la mayor parte de los países del mundo la confianza es un elemento clave para los negocios. Y la confianza se construye con relaciones personales, más fáciles de desarrollar cuando la distancia es menor. Este factor sin duda está relacionado con el factor cultural. Y puede ser uno de los factores que explique por qué la distancia es también relevante en el comercio de servicios, que es comercio al fin y al cabo, y por tanto se basa también en la confianza”.

 

Para el destacado académico español, “en suma, la distancia sigue importando, y mucho, en el comercio internacional. Por eso China es la segunda economía del mundo y el segundo mayor importador, pero es sólo el décimo destino de la exportación española. O por eso España exporta más a Portugal que a toda Latinoamérica. Y sus relaciones económicas son Asia, a pesar del gran tamaño de muchas de sus economías, siguen siendo reducidas”.

 

Del trabajo de PWC y de las consideraciones de Fanjul, pueden extraerse importante conclusiones para América Latina y en especial, para Sudamérica. Se ha instalado con frecuencia en la región la idea de que los mercados asiáticos son el objetivo a alcanzar para mejorar la capacidad exportadora de nuestros países.

 

Es cierto que China, India y algunos otros mercados asiáticos son decisivos a la hora de colocar los grandes volúmenes de materias primas sin elaborar que produce la región, pero no debemos perder la perspectiva –y la lección que surge de los mercados desarrollados de la Unión Europea– que combinan un elevado tamaño con la proximidad geográfica. En un artículo que  desarrollamos en la Revista Marco n°3 (dic.2016) sobre la importancia del “Mercado intrarregional”, mostramos el potencial de los “mercados próximos”, la complementariedad de los mismos y la poca significación que tiene en la actualidad el intercambio regional en comparación con los volúmenes de bloques como la UE, TLCAN o ASEAN.

 

El estudio de PWC recuerda que la reducción de la distancia a la mitad aproximadamente duplica el volumen de comercio. Un buen aviso para nuestras dirigencias. El incremento de la capacidad exportadora de nuestros países, de sus flujos comerciales, está en directa relación con la proximidad geográfica de los mercados. Europa nos los muestra todos los días.

 

 

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