22 de Julio de 2018| Última actualización 10:57 GMT

Dimiten dos vicepresidentes del Partido Conservador de May por su plan para el Brexit

Marco Trade News | 11 Julio del 2018
May

Autor imagen: Foto cortesía

Las encuestas revelan que el Gobierno británico es considerado el principal responsable de un Brexit que no encuentra su rumbo y precipita al país en un contexto de incertidumbre.

A las renuncias casi simultáneas en el fin de semana, de Boris Johnson, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno británico y uno de los defensores históricos de la salida brusca del Reino Unido de la UE, y David Davis, ministro para el Brexit, se suman ahora las de dos vicepresidentes del Partido Consevador, Maria Caulfield y Ben Bradley.

Los dos dirigentes tories, presentaron su dimisión ayer en desacuerdo con el plan de Theresa May de una tercera vía para el Brexit. La doble dimisión, un día después de la renuncia de Boris Johnson como titular del Foreign Office y de Davis Davis como ministro para la salida de la UE, han dejado en evidencia las profundas divisiones del Partido Conservador ante el problema de la salida de la UE.

Bradley (que estaba en el referéndum a favor de la permanencia) ahora critica a May por poner la cuestión de Irlanda del Norte por delante de los intereses del Reino Unido y es uno de los defensores del “no acuerdo” con Bruselas, como “una alternativa plausible” según él y que alienta el grupo más duro del Partido, lo que supondría omitir cualquier tipo e arreglo con la UE y poner al país bajo el único paraguas normativo de la Organización Mundial del Comercio.

Para la diputada Caulfield, la dimisión se debe a su descontento “por la dirección que están tomando las negociaciones, que no están sirviendo para aprovechar las oportunidades que ofrece el Brexit”.

Las profundas divisiones entre los líderes políticos del Reino Unido, sus mutuas acusaciones de culpabilidad respecto a la salida de la Unión Europea y el desconcierto reinante, se han trasladado a la sociedad. Una interesante encuesta muestra tanto el hartazgo de la sociedad con sus líderes como la confusión acerca de cuál es el camino de salida.

Según lo refleja Statista.org, el 68% de los británicos considera que el Brexit no marcha bien y que la culpa la tiene el gobierno. Un 37% responsabiliza a la UE de las dificultades por alcanzar un acuerdo. Y el 64% de los encuestados piensa que el Brexit marcha “muy” o “bastante” mal.

Pero donde se refleja la confusión y las divisiones que se han instalado en los ciudadanos británicos es al ser consultados acerca de quiénes son los “culpables”, las responsabilidades son repartidas casi por tercios: 35% los políticos pro-brexit; 32% los políticos anti-brexit y 32% los medios de comunicación.

Las consultas por otras responsabilidades (la encuesta permitió respuesta múltiples) el 25% lo atribuyó a aquellos ciudadanos que votaron a favor del Brexit; el 19% a los que votaron en contra del Brexit y sólo un 7% consideraron que la culpabilidad de la situación se debía a las empresas británicas.

Mientras tanto, la primera ministra Theresa May parece haberse salvado por el momento del precipicio. Fue recibida con aplausos por el Comité 1922, órgano que representa a los diputados conservadores sin cargo en el Gobierno.

Pero el tejido político que debe hacer es complejo. El sector duro sabe que cuenta con los votos necesarios para una moción de censura, pero que no lograría la mayoría para desalojar a May del poder ni para imponer su versión del Brexit. Solo les queda el camino que han recorrido hasta aquí: sabotear cada paso que intenta May.

La primera ministra construye “sostén político” al interior de los tories con una extorsión: si no me apoyan vendrá un gobierno de izquierdas con Jeremy Corbyn al frente.

Pero sortear el precipicio no implica que su plan de “tercera vía” tenga éxito. Por el momento, May tiene los números para seguir en el poder, pero no tiene los votos suficientes para lograr que prospere su plan a medio camino entre “duros” y “blandos” en el Parlamento.

Hay un escenario temido por el ala dura del Brexit y que fogonean las grandes empresas británicas: sumar los votos de la oposición a los de los tories moderados y sacar adelante una ruptura suave con la UE, que tuviera una rápida aceptación por parte de Bruselas.

Michel Barnier, el negociador de la UE para el Brexit, abrió rápidamente esa puerta: “El mercado único es nuestro principal bien público, pero estamos dispuestos a adaptar nuestra oferta si las líneas rojas de Reino Unido cambian. Mi objetivo siempre ha sido llegar a un acuerdo con el Reino Unido no contra el Reino Unido”.

Fuente: statista.org – Redacción Marco

 

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