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Ecuador: la integración latinoamericana

Luis Luna Osorio | 20 Junio del 2014
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Autor imagen: Luis Luna Osorio

América Latina ha sido prolífica en formar bloques de integración. Unos, regionales; otros, subregionales; algunos con un pie en Sudamérica y otro en países de Centroamérica o el Caribe. Todos, lamentablemente, con objetivos ambiciosos que no se han logrado.

Los presidentes de los países involucrados no se han cansado de hablar durante más de medio siglo de la hermandad latinoamericana y de la necesidad de forjar un destino común mediante la unión de esfuerzos políticos, económicos y sociales, teniendo como claros símbolos a las espadas fulgurantes de Bolívar y San Martín o las inspiradas letras de Martí y otros héroes y prohombres.

En la práctica, muchos esfuerzos dispersos y pocas realidades que se han dado, más que como resultado de un trabajo integrador, de las necesidades de desarrollo de cada país.

En 1960 se creó la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). Sus once Partes fueron Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

En 1969 nació el llamado Grupo Andino. Lo formaron Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. En 1973 se integró Venezuela, en 1976 se fue Chile para abrirse al mundo y en 2006 hizo lo propio Venezuela, con la mira en liderar otros procesos integracionistas.

En 1980, ante el fracaso de la ALALC, la sustituyó la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) a la que se unieron Cuba en 1998 y Panamá el 2 de febrero de 2012.

En 1991, desencantados con el funcionamiento de la ALADI, los países de la cuenca del Atlántico de Sudamérica, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay formaron el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), al que hace poco se unió como Miembro Venezuela.
En 1996, los magros resultados del Pacto Andino derivaron en un cambio que provocó el nacimiento de la Comunidad Andina.
Posteriormente se crearon, la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) el 8 de diciembre de 2004 y la Unión de Naciones de Sudamérica (UNASUR), que entró en vigor el 11 de marzo de 2011.

La experiencia indica que para el Ecuador no ha sido beneficioso ninguno de los procesos de integración latinoamericana creados desde 1960 hasta la fecha.

La ALALC, con su programa de liberación del intercambio y sus esfuerzos de complementación económica, les fue muy útil a Argentina, Brasil y México, que tenían una industria más desarrollada que los demás países suscriptores del Tratado de Montevideo, porque aprovecharon enseguida las concesiones arancelarias recibidas, aparte de que firmaron acuerdos de complementación industrial entre ellos, en sectores importantes, como el metalmecánico, el automotriz, el siderúrgico.

El Grupo Andino tuvo algunos efectos positivos interesantes para el Ecuador en sus inicios, pero su balance final ha sido mucho más beneficioso para Colombia y el Perú; para la primera porque su industria le ha permitido exportar en cantidades significativas hacia Venezuela y los países del sur y para el segundo, porque autorizado desde 1992 a eximirse de derechos y obligaciones, sin cumplir con ciertas exigencias del proceso, como la participación en la zona de libre comercio o la puesta en vigencia del Arancel Externo Común, aprovechó todas las oportunidades que tuvo para conseguir las ventajas de estar en el Grupo y luego en la Comunidad Andina, sin asumir las desventajas.

La asociación ecuatoriana con el MERCOSUR solo ha producido un aumento del déficit de la balanza comercial con el bloque y especialmente con Brasil y hace poco, cuando el gobierno parecía inclinado a asociar al Ecuador a ese bloque, le permitió al autor de este boletín, expresar diez razones para no hacerlo:

  1. Desde siempre, el MERCOSUR no es mercado para el Ecuador;
  2. Con Venezuela, que podría ser un mercado atractivo al interior de esa subregión, ya tenemos suscrito un acuerdo.
  3. La distancia física Ecuador - Cuenca del Plata es bastante grande y no hay modos ni medios de transporte que hagan posible un comercio fluido.
  4. La logística para llegar con productos a la Cuenca del Plata es mucho más complicada que para ir a Estados Unidos y Europa.
  5. Brasil y Argentina se bloquean ciertas exportaciones, porque no les convienen; y, si entre ellos lo hacen, mal le iría al Ecuador en igual situación.
  6. Los socios del MERCOSUR no pueden negociar individualmente con otros países o bloques y eso le frenaría al Ecuador firmar acuerdos como el previsto con la UE.
  7. La balanza comercial actual con el MERCOSUR es tremendamente negativa y lo sería más si damos más facilidades de acceso brasilero y argentino al Ecuador.
  8. La idea de que el Ecuador puede ser un puente entre Brasil y China no es acertada. Ni física ni económicamente esta vía es mejor que la que topa África.
  9. La política no debe llevar al Gobierno a una decisión equivocada desde el punto de vista económico, de asociarse a un grupo poco significativo como mercado.
  10. Hay que fortalecer en América del Sur un solo grupo de integración: UNASUR.


Parte de las razones para que el Ecuador no se beneficie de la integración latinoamericana está en su débil estructura productiva y su escasa oferta exportable; otra parte, en su poca capacidad negociadora (recuérdese lo que pasó en la ALALC en 1962, cuando llegamos a pedir favores y terminamos dando el mayor número de concesiones) y la otra parte, en la falta de respeto de los otros países a los compromisos asumidos dentro de la ALALC, la ALADI, el Grupo Andino, la CAN, la ALBA.

Por eso, ahora que se está buscando nuevas formas de integración, ya sea en la UNASUR, en la ALBA o en la Asociación de Estados Latinoamericanos del Pacífico, lo que cabe es analizar profundamente si lo que conviene al país es integrarse con América Latina o con parte de ella o hacer lo que hizo Chile hace tiempo, integrarse al mundo y enfrentar las consecuencias. Quizás, si la valla es más alta, el país despierta, se organiza y se pone a trabajar en firme en superar sus debilidades, construir una nueva realidad en su producción y en su oferta exportable.

En el caso de que se opte por profundizar la integración latinoamericana, hay que tener en cuenta, al menos, lo siguiente:
El Ecuador tiene en su pasado 50 años de integración latinoamericana con resultados magros, que no justifican la atención dada a los procesos.

El país tiene una historia de más de 40 años de integración andina con resultados positivos en muy pocos sectores; abandono de los tres mecanismos que lo llevaron a unirse al Grupo Andino: la planificación conjunta del desarrollo de la Subregión, la programación industrial y el régimen especial a favor de Bolivia y el Ecuador; falta casi absoluta de actitud conjunta frente a terceros, en vista de que cada país, en función de sus propios intereses, ha logrado vinculaciones con poderosos terceros, entre ellos los Estados Unidos y la Unión Europea, para suscribir tratados de libre comercio, acuerdos de asociación o lograr beneficios destinados a ciertos productos específicos.

Las exportaciones FOB a la ALADI significaron el 26% de las totales al mundo en 2007 y llegaron a ser cerca de la tercera parte de las cifras comparables en el año 2012, elevándose de 3.732 millones de dólares a 7.191 millones. Las importaciones CIF del primer año representaron casi el 40% de las efectuadas de todo el mundo, en tanto que en 2012 llegaron al 32%, sumando originalmente 5.480 millones de dólares y en el último año indicado, 8.244 millones. Por consiguiente, tanto en el 2007 como en el 2012 la balanza comercial fue negativa, por valores importantes, en el primero en 1.749 millones de dólares y en el segundo en 1.053 millones.

En cuanto a la Comunidad Andina, las exportaciones FOB a Bolivia, Colombia y el Perú de 2007 sumaron 2.258 millones de dólares y las del año 2012 fueron de 3.069 millones; mientras que las importaciones CIF subieron de 1970 millones de dólares en 2007 a 3.359 millones en el 2012, lo que generó una balanza comercial favorable inusual de 288 millones en 2007 y una desfavorable de 290 millones en el 2012.

Colombia es uno de los principales mercados nacionales, sobre todo para productos industriales; pero, es muy difícil penetrarlo, porque los consumidores se resisten a adquirir productos extranjeros en general y con mayor razón ecuatorianos; las cadenas de supermercados ponen a los productos nacionales más trabas que el mismo Gobierno; ese país tiene una industria mucho más desarrollada y diversificada que la ecuatoriana; la logística está diseñada para servir a Colombia y no a terceros.

De otra parte, la balanza comercial con Colombia es crónicamente deficitaria y en el año 2012 lo fue por 1.142 millones de dólares, lo que resulta muy preocupante, tomando en cuenta que ese saldo negativo es creciente y que, incluso los esfuerzos de la propia Colombia por reducir la brecha con financiamiento del BANCOLDEX para los importadores colombianos de productos nacionales, no ha dado el resultado esperado.

El Perú es un importante mercado para la exportación ecuatoriana, pero un gran porcentaje de sus importaciones es de petróleo. La demanda de otros productos es muy limitada y no refleja el esfuerzo de 41 años de integración y no siquiera los últimos 12 años de paz entre los dos países, peor aún las concesiones y desgravaciones totales recibidas. Las exportaciones FOB, que fueron de 1.505 millones de dólares en el año 2007, pasaron a ser de casi 2 mil millones en el 2012; en tanto que las importaciones CIF, en el primer año indicado sumaron 439 millones de dólares y en el último ascendieron a 1.130 millones, con crecimiento constante y mostrando más dinamismo que las exportaciones ecuatorianas, además de una diversificación mayor.

Venezuela es (era, más bien) un mercado interesante, porque pese a que salió en el año 2011 de la Comunidad Andina, mantuvo con el Ecuador prácticamente las mismas condiciones de comercio vigentes dentro de ese bloque; pero, como su Gobierno se ha encargado luego de establecer varias importantes trabas a la importación, incluso de carácter cambiario, que dificultan el cobro de las exportaciones, la caída de las ventas nacionales a ese mercado son notorias, sobre todo en los años 2012 y 2013. Es más, en el caso de la empresa de transporte aéreo TAME, Venezuela no le ha pagado una importante deuda, que en algún momento obligó a la  empresa, como lo han hecho otras líneas aéreas, a amenazar con dejar de volar hacia Caracas.

Además, la gente venezolana tiene arraigada la costumbre de comprar productos de origen estadounidense; y, hay una exigencia de calidad que las empresas nacionales solo en algunos casos pueden cumplir.

El MERCOSUR está muy lejos del Ecuador, tanto por la distancia física como por la falta de rutas, frecuencias y medios de transporte. Es más fácil comerciar con China que con la Cuenca del Plata, teniendo en cuenta que en esa cuenca está ubicado un mercado de interés, o sea la mayor parte de la población de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. La población total en la cuenca, según los últimos censos nacionales, es de 130 millones de habitantes (35% de la población de América del Sur). Alberga al 100 % de la población paraguaya y, si se considera la población total de las grandes divisiones administrativas de los países – sean provincias o estados -  se puede decir que 87,64 % de los habitantes de Uruguay; 81,88 % de la Argentina; 55,41 % de Bolivia y 53,98 % de Brasil viven en el área.

En consecuencia, decir discursos floridos y hasta cuasi técnicos sobre la bondad de la integración latinoamericana tiene sentido cuando todos los países actúan solidariamente para que funcione una entidad económica conjunta, llámese zona de libre comercio, unión aduanera o mercado común; pero, no cuando prevalecen los intereses nacionales y la integración solo es una plataforma para los países mejor provistos, con gobernantes visionarios y con empresarios innovadores y decididos a competir.

El Ecuador no debe justificar su permanencia en los procesos de integración con los pocos beneficios que ha obtenido; debe decidir con gran visión y mirando hacia un mejor futuro, considerando que la globalización y el aplanamiento de la Tierra son realidades y que hay que participar en ellas antes que esperar resultados positivos de alianzas con países competidores y no complementarios.

A quienes afirman que el Ecuador ha logrado beneficios industriales de su participación en los bloques de integración, habría que pedirles que analicen el costo que ha significado la desgravación nacional a favor de varios países por muchos años y mirar que ese costo posiblemente ha sido muy alto.

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