18 de Agosto de 2018| Última actualización 10:34 GMT

El negocio del fútbol en números

Marco Trade News | 13 Junio del 2018
Mundial_rusia

Autor imagen: Foto cortesía

Llega el Mundial y el negocio del fútbol muestra toda su extraordinaria potencia que, con más de 500.000 millones de dólares  y su alianza con la televisión y el mercadeo constituye una de las más grandes industrias del momento.

A horas de la apertura del Mundial de Fútbol Rusia 2018, es interesante repasar  los números de un negocio que mueve 500.000 millones de dólares al año y que constituye un aliado imprescindible para dos industrias globales: la televisión y el mercadeo.

El fútbol es, con diferencia, el deporte más popular en el mundo. Según una encuesta realizada por la FIFA en 2006, entre sus 207 asociaciones miembro (hoy tiene 211), unos 265 millones de personas de distintas edades y género, lo practicaban regularmente de manera profesional, semi-profesional o amateur (de forma reglada), lo que significaba casi un 4% de la población mundial de entonces. Ese cálculo hoy es de uno 320 millones, de los cuales ya unas 30 millones son mujeres.

Pero los números se disparan cuando se trata de quienes lo siguen por televisión o desde los estadios. La final de la Copa del Mundo de 2014, según una investigación de la FIFA y Kantar Media, fue seguida por más de 1.000 millones de personas, en sus casas y en espacios públicos, sin contar a los que lo vieron por internet o aparatos portátiles. La  audiencia mundial promedio en hogares fue de 570,1 millones y el promedio incluyendo todos los partidos fue de 186,7 millones de televidentes. 

El Mundial no es sólo uno de los eventos deportivos y un espectáculo de la mayor atracción, sino un acontecimiento económico de enorme significación. Y además, la “olla de oro” de la que se nutre la FIFA. En Rusia 2018, las cadenas televisivas le pagarán 3.000 millones de dólares y por Qatar 2022, 3.500 millones dólares.

Por eso es que la definición de cada sede se transforma en un “lobby” de presiones, prebendas y corrupción que suelen concluir en un escándalo, como ocurrió en 2015, con el FIFA-Gate, tras una investigación del FBI.

La indagación terminó ventilando una red internacional de corrupción que se extendía a empresas de televisión y marketing y a varios ejecutivos del fútbol, con coimas probadas por más de 160 millones de dólares, lo que provocó el desplazamiento de Joseph Blatter.

La distribución del dinero en la FIFA desde 1998 se hacía a través del Programa Goal, unas partidas presupuestarias que las asociaciones nacionales recibían para financiar determinados proyectos específicos. Partidas cuya utilización nadie controlaba porque eran la herramienta para la circulación del dinero comprometido a cambio de votos para determinar las sedes mundialistas u otro tipo de determinaciones de la FIFA.

Tras el escándalo, en 2016, ya bajo la presidencia de Gianni Infantino el programa Goal fue sustituido por un gemelo: el “Forward”, para seguir “adelante” con las prácticas. El Forward aumentó la disponibilidad de recursos con algunos controles: 4.000 millones de dólares en diez años; las Confederaciones continentales pasaron de 22 millones en cuatro años a recibir 40; las Asociaciones nacionales, 5 millones en el mismo plazo, en lugar del 1,6 que recibían antes. La promesa de inyectar liquidez fue la estrategia de Infantino para consolidarse en un sillón que había quedado muy dañado tras el FIFAgate. Hoy para muchas asociaciones, sobre todo asiáticas y africanas, Infantino es un remedo de Papa Noel.

El reparto en el Mundial actual (el de la mayor cifra de premios de la historia) expresa claramente esa estrategia. En una progresión creciente desde el Mundial de España-1982, al de Rusia-2018, el crecimiento es constante y se han multiplicado casi por 40. De u$s 20 millones en España a u$s 791 millones en Rusia.

La cita rusa de 2018 es una auténtica pesca de millones para las 32 selecciones participantes: el campeón se llevará u$s 38.8 millones; el subcampeón u$s 29,4 millones;  el tercero u$s 24,7 y el cuarto u$s 22,3. Los equipos eliminados en cuartos de final obtendrán u$s 17,6 millones y u$s 11 millones, los caídos en octavos de final. Las escuadras eliminadas en la fase de grupos recibirán u$s 9,4 millones.

Pero el negocio de la FIFA da para más: reparte también u$s 208 millones para un fondo para los equipos que han cedido a sus jugadores y otro de u$s 133 millones destinado a cubrir las pérdidas de los clubes por las posibles lesiones de sus jugadores.

Infantino sabe que los dólares son fundamentales para permanecer en su cargo. Y planifica un futuro promisorio: un Mundial ampliado. Para ganar más dinero por derechos de televisación, aumentar de 32 a 48 la cantidad de países que disputarán la fase final del Mundial desde 2026. Y a la vez reformar el Mundial de Clubes en la misma dirección. En ambos casos, el objetivo es claro: recaudar y lograr que  países superpoblados como India o China puedan incorporarse a ambos eventos.

Además del turismo que se alimenta del negocio del fútbol, éste tiene otras enormes facetas colaterales que repercuten en clubes y en la cotización de los jugadores. El consumo de telespectadores se disparó con los respectivos dividendos a favor de los clubes. Solo en la temporada 2015-2016, Real Madrid obtuvo 227 millones de euros, el Manchester United,  215 millones y el Barcelona, 202, cifras insignificante al lado de lo que obtienen de patrocinadores, merchandising y todo tipo de publicidad. Los tres nombrados por encima de los 600 millones anuales cada uno, con el soporte de empresas como Fly Emirates, Audi o Huawei.

Fuente: Redacción Marco

 

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