18 de Noviembre de 2018| Última actualización 11:42 GMT

La “larga marcha “ de Trump

Marco Trade News | 10 Julio del 2018
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Autor imagen: Foto cortesía

El presidente de EEUU confía en una larga lucha de desgaste comercial con China, apoyado en un diagnóstico de la economía estadounidense repleto de optimismo y cree asegurado el éxito. No todos los expertos piensan lo mismo.

Donald Trump se considera un experto negociador, capaz de destruir cualquier resistencia de sus competidores y enemigos. Y se ha lanzado a una guerra comercial en toda regla, pero como primera fase de una “guerra más amplia” destinada a deteriorar los planes chinos de liderazgo tecnológico expresados en el “Programa Made in China 2025”, cuya destrucción es el verdadero objetivo del gobierno de EEUU.

Para lograrlo, Trump requiere de dos aliados: una economía interna boyante y un frente electoral consolidado. Los datos conocidos de junio de la economía de EEUU le permiten al magnate neoyorquino pensar en su capacidad de iniciar una “larga marcha” de desgaste comercial hacia China que comprometa su situación financiera y deteriore los planes del presidente Xi de poner a China en la vanguardia tecnológica para el 2025 en materia de inteligencia artificial, etc.

Henchido de su soberbia y autosuficiencia habituales, el pasado viernes festejaba en un tuit los 200.000 nuevos empleos de junio, convencido de que la actual fortaleza de la economía estadounidense, le permiten afrontar una “larga marcha” de enfrentamientos con China para sus objetivos hegemónicos, más allá de reducir cualquier déficit comercial.

Mohamed El Erian, ex Presidente del Consejo de Desarrollo Global con Obama y ex Director Adjunto del FMI, en un artículo publicado ayer en Project Syndicate con el título “¿Un momento de Reagan para el comercio internacional?” explica: “La teoría de juegos sugiere que los actores racionales, reconociendo cuán dañina sería para ellos una guerra comercial, verían el mérito de abandonar una estrategia de represalia y, en su lugar, acceder a muchas demandas estadounidenses. Todo esto podría dejar a los EEUU más capacitados y dispuestos a detener la erosión multianual de su influencia y posición económica global”.

La administración Trump cree en ello a pie juntillas. No contempla la posibilidad expresada por algunos expertos que si China contesta con dureza a la guerra comercial, podría dejar sin trabajo a 130.000 estadounidenses ni el impacto en los precios domésticos. El presidente de EEUU optó por centrarse en la situación actual de la economía, retuiteando que, desde que fue elegido en noviembre de 2016, se han creado 3,7 millones de empleos.

Asentado en el diagnóstico de la Reserva Federal, que considera que los efectos de la reforma fiscal permitirán la expansión económica de EEUU, que continuará superando su tasa de crecimiento potencial durante varios años, Trump desprecia los riesgos para el empleo y el crecimiento de una guerra comercial a pleno.

Es que la Casa Blanca no está mirando el déficit comercial entre EEUU y China sino el desafío que a largo plazo, implica la lucha por el dominio en campos de alta tecnología como los semiconductores e inteligencia artificial y está dispuesta –como advirtiera Robert Lighthizer en mayo– a dedicar todo el 2019 a esa “guerra” que reconfigure la nueva forma de relación con China y recomponga el orden mundial en favor de EEUU.

El optimismo del equipo de halcones” del Presidente, parece omitir que la misma Reserva Federal redujo las expectativas de crecimiento para el 2020 a solo un 2%, advirtiendo que los planes de inversión podrían “reducirse o posponerse” debido a la incertidumbre sobre las relaciones comerciales mundiales. Y como señala El Erian no debe olvidarse “que China posee un volumen masivo de bonos del Tesoro de EEUU que, ante la presión, podría utilizarse para tratar de desestabilizar el mercado de bonos del gobierno estadounidense, que es esencial para la salud del sistema financiero mundial”.

Tampoco parecen tomar en cuenta los análisis de buena parte de los expertos que señalan que el impulso de la reforma fiscal y el mayor gasto público se evaporarán en 2020. Donald Trump ha aplicado grandes estímulos a la economía de EEUU pero enfrenta la paradoja de que su reforma fiscal y su aumento del gasto público –según la mayoría de los economistas– tendrán efecto en el crecimiento económico en 2018-2019 pero que desaparecerán en 2020.

La Administración Trump no ha previsto ningún recorte sustancial del gasto público para compensar la rebaja de impuestos. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) ha advertido que el déficit crecerá un 40% en 2019 y que alcanzará el billón de dólares en 2020 –en las anteriores previsiones se aseguraba que llegaría a esa cifra en 2022–.  Un déficit público de esa magnitud no sería una buena noticia para Trump.

Pero no solo aumenta el déficit, sino que también lo hace la deuda nacional estadounidense. A finales de 2018, llegará al 78% del PIB, un porcentaje que se elevará hasta el 96% en 2028. Este último porcentaje sería el más alto desde 1946 y el doble del promedio de los últimos 50 años.

La confusuión invade a los propios inversores: mientras el 91% de los encuestados por Bank of America Merrill Lynch consideran “improbable” una recesión, al mismo tiempo el 70% de ellos piensa que la economía de EEUU se encuentra en su “etapa final del ciclo”, algo no visto desde el 2008.

Joaquim Fels, asesor económico mundial de Pimco, advierte: “Lo último que necesita una economía que funciona casi a pleno empleo en el noveno año de una expansión económica es un fuerte empujón de la política fiscal (..) agotar los cartuchos de la política fiscal en tiempos de bonanza económica se acaba pagando”.

El ejercicio 2020 será clave para Trump, porque se celebrarán nuevamente elecciones presidenciales en noviembre. Y los expertos anticipan que la economía corre el peligro de caer en recesión justo cuando el dirigente deberá pelear por su segundo mandato en la Casa Blanca. Si la guerra comercial se prolonga, Trump podría verse abocado a la reelección, en un contexto económico mucho menos optimista que el que provoca su actual estrategia.

Fuente: Redacción Marco

 

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