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Los factores del desarrollo económico y del comercio regional en Latinoamérica

Néstor Pablo Aleksink | 31 Enero del 2013

Dentro del llamado “regionalismo latinoamericano”, una nación debe contemplar las cuatro fuerzas básicas del desarrollo: población, capital, tecnología y recursos naturales, ya que  constituyen, en su conjunto, el equilibrio para impulsar el crecimiento económico de un país que busca colocarse entre los de avanzada.

Habitualmente se indica que un rápido crecimiento demográfico significa una inevitable reducción en el incremento del bienestar de la población, si éste no es acompañado de plan de gobierno sustentable que lo sostenga.

Así, en una nación cuya economía en que la tasa de crecimiento del ingreso no supere a la de la población, ésta absorberá el producto adicional. Es decir, que el consumo crece más de prisa que la inversión. El factor población no sólo importa en cuanto al número, sino también en cuanto a los elementos psicológicos, sociales y religiosos, los cuales o frenan o impulsan el desarrollo.

Otro factor es el capital. La formación de capital representa un camino recto hacia el progreso. Sin embargo, la falta de capital y lo reducido del mercado, lleva a los países subdesarrollados a un círculo vicioso que puede ocasionar el estancamiento de sus economías. Para elevar la condición del desarrollo en países atrasados es necesario elevar la tasa de inversión bruta; mejorar la dotación de capital en la esfera productiva; y, elevar las tasas de ahorro interno.

En cuanto a la tecnología, fuerza básica del desarrollo, está ligada inseparablemente a los recursos naturales. Ambas caminan en el mismo sentido, ayudándose. Así, se tiene que muchos de los recursos naturales, o bien los transforma la tecnología, o los sustituye, según el caso.

Atado a estos fenómenos, la multiplicación de acuerdos de libre comercio ha devuelto la vigencia de la pregunta sobre si la in­tegración económica promueve el crecimiento y la inversión o, en su caso, la sustitución anticompetitiva de proveedores internacionales por regionales, la creación o desvío de comercio constituye uno de los puntos de investigación y atención más importantes dentro de este regionalismo: los efectos en los términos de intercambio y en las economías de escala, el comportamiento de las barreras no arancelarias y las particularidades de las zonas de libre comercio respecto al modelo de unión aduanera, y la influencia que esto conlleva a los puntos antes mencionados.

A priori, podemos decir que ningún acuerdo crea o desvía comercio en su totalidad,  combina ambas tendencias en proporciones variables y su balanza puede modificarse con el paso del tiempo. En ese sentido, con independencia del lugar donde se genere la desviación (normalmente en una o varias industrias), para que el modelo sea positivo es condición suficiente que el índice de creación de comercio supere al de desviación.

Esta particularidad no expresa los únicos efectos de la unión de mercados, su influencia recae en la norma que se ratifica la legalidad de los acuerdos comer­ciales preferenciales, mencionado en el artículo XXIV del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), con continuidad en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Este artículo establece que los aranceles aplicados a terceros países no deben ser mayores ni más restrictivos en las uniones aduaneras que la incidencia general de los derechos anteriores a la definición del arancel externo común, o la regla de origen en las zonas de libre comercio, en ese sentido se puede observar que ninguno de los 124 acuerdos regionales notificados al GATT durante su periodo de vigencia (1948-1994) fue objeto de dictámenes de inconsistencia conforme a dicho artículo.

No obstante y más allá de estos conceptos regulatorios, la creación de uniones aduaneras o zonas de libre comercio generan en si mismo posiciones enfrentadas: el regionalismo favorece los efectos competitivos, o los acuerdos de integración representan un fenómeno esencialmente proteccionista; también que la formación de acuerdos protec­cionistas se beneficia del mayor apoyo político en razón de las presiones de la industria local para impedir su desplazamien­to, para otros la elección del modelo de unión aduanera en lugar de uno de zona de libre comercio estimula la discriminación exterior, o también que gran parte de las áreas de libre comercio y las uniones aduaneras crean comer­cio e inversiones.

El argumento favorable a las zonas de libre comercio es que éstas no buscan la igualación de precios entre los bienes de importación (característica de la unión aduanera), sino una dinámica de competitivi­dad que empuja hacia abajo los aranceles externos del país con mayor protección, aunque podemos mencionar también que las zonas de libre comercio no incrementan la capacidad de represalia de sus miembros, mientras que las uniones aduaneras estimulan el proteccionismo.

En la práctica, sin embargo, las diferencias de ambas alternativas no son tan abismales, a modo de ejemplo en nuestro continente, la CAN y el Mercosur comparten, en mayor o menor medida, las características de un modelo mixto, y la realidad indica que la puesta en práctica del arancel externo común ha provocado que fluctúen entre la proyectada unión aduanera y la realidad de una zona de libre comercio.

La aprobación del arancel externo común del Mercosur generó muchos inconvenientes,  Brasil incluyó 150 nuevas excepciones a la lista de más de 300 aprobadas; Paraguay, por su parte, agregó 200 a su lista ya aceptada de alrededor de 600 excepciones, y para regular el comercio de los productos no incluidos en el acuerdo, hubo que apelar a las reglas de origen, instrumento distintivo de las zonas de libre comercio.

En este contexto, un mercado regional caracterizado por la rivalidad de sus industrias es más benéfico que una unión de economías complementarias; su explicación, coherente con uno de los postulados básicos de la economía, relaciona de forma positiva la competencia ínter empresarial y la efi­ciencia productiva las pérdidas de bienestar imputables a una desviación de comer­cio pueden ser compensadas con las ganancias originadas en la ampliación del mercado.

Por ello, se deduce la necesidad de que los acuerdos involucren a los flujos comerciales más importantes a fin de aminorar el comercio potencialmente objeto de dis­criminación, con tres premisas fundamentales: la unión aduanera o el área de libre comercio más venta­josa es el mundo como mercado (el índice de desviación es igual a cero), la integración con el socio natural (el país con el cual se co­mercia mayoritariamente) tiene más probabilidades de crear comercio, (recuérdese la relación de nuestro país con Brasil y con el resto de los miembros) y se pide adoptar un arancel externo más bajo que el promedio arancelario anterior a la formación del acuerdo, y asegura así la reducción del efecto de desviación.

La unión de dos o más mercados no siempre produce bienestar, dependiendo del nivel de protección, el aumento del comercio grupal puede deberse a la creación de comercio, cuando el proveedor más caro es sustituido por el más eficiente, o a la desviación de comercio, si el proveedor competitivo es desplazado por el más caro.

 

* Mg. Néstor Pablo Aleksink, Analista de Relaciones Internacionales y Comercio Exterior - Director Ejecutivo del Programa Argentina Exporta

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