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Se inició en Lima la Cumbre de las Américas

Marco Trade News | 13 Abril del 2018
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La reunión de los líderes de los países del continente se desarrolla con la ausencia tranquilizadora de Maduro y Trump. Los cancilleres acuerdan un borrador sobre el combate a la corrupción.

Se inició hoy en Lima, Perú, la VIII Cumbre de las Américas que abordará como tema central la "Gobernanza Democrática en la Lucha contra la Corrupción", un problema urgente para la región que vive una profunda convulsión de sus sistemas democráticos, visiblemente sacudidos por el fenómeno de la corrupción a gran escala.

Lula Da Silva, preso; Cristina de Kirchner procesada en tres causas por corrupción; Pablo Kuczynski, destituido; Ricardo Martinelli, preso y Alejandro Toledo, prófugo. Por primera vez, ex presidentes de  países del continente, se enfrentan a las consecuencias de una corrupción que es “enfermedad crónica” en la región.

El texto aprobado por los Cancilleres en la sesión previa incluye una serie de acciones de lucha contra la corrupción: transparencia y acceso a la información, participación de la sociedad civil en el seguimiento de la gestión gubernamental, protección de los informantes, libertad de expresión, educación en valores democráticos y el rol del sector privado en la lucha contra la corrupción, entre otros.

La ausencia de dos megalómanos de la talla de Trump y de Maduro permitirá al resto de los líderes abordar los temas en un clima de mayor serenidad. La representación estadounidense está encabezada por el vicepresidente Mike Pence, el secretario de Comercio, Willbur Ross e Ivanka Trump y su marido Jared Kushner.

Como dato de color, la hija del mandatario estadounidense hablará en la III Cumbre Empresarial de las Américas en Lima,  sobre “el empoderamiento económico de las mujeres” en una región donde sólo 9% de los puestos directivos están ocupados por ellas, cuando su “empoderamiento” privado y público dependió siempre del poder de su padre.

Con la nueva administración Trump, los líderes del resto de América confirman la prolongada indiferencia de EEUU hacia los países al sur de su territorio. Sus diatribas y amenazas constantes, que incluso se han extendido a Canadá, han enturbiado las relaciones con el resto del continente.

Decisiones como enviar tropas de la Guardia Nacional a la frontera con México, considerar a los latinoamericanos como “países de m…” que “solo aportan drogas, violadores y delincuentes”, cancelar programas de protección a la deportación a millones de inmigrantes, los vaivenes con el TLCAN o la obsesión de Trump de construir un muro fronterizo, que en algún momento propuso como “muro solar” porque “allá abajo (sic) la energía solar funciona bien”, han sido desconcertantes

A ello se suma su amenaza de demoler las reglas actuales del comercio internacional con imposición de aranceles proteccionistas y consideración de China como un “enemigo”, que contradicen justamente dos de las alternativas estratégicas que América latina ha encontrado para lograr su desarrollo: la expansión de su comercio exterior y el incremento de sus vínculos comerciales con China.

El resultado es que solo el 16% de los latinoamericanos aprueban la gestión de Trump, cuando durante el mismo período de gobierno con Obama alcanzaba el 62%, según un estudio de Gallup.

La VIII Cumbre de las Américas de Lima tiene la opción de establecer un hito en la historia reciente de la región. En el contexto del fracaso de la “experiencia bolivariana”, extendida desde Venezuela a Ecuador, Bolivia y Argentina y con importantes influencias en Brasil, de la mano del PT de Lula, vive la oportunidad de consolidar gobiernos democráticos con vocación de inserción en el orden global que miren hacia el siglo XXI, destierren los populismos demagógicos que han signado sus últimos 70 años y establezcan un nuevo orden en las relaciones continentales.

Los gobiernos latinoamericanos pareciera que han elegido un enfoque pragmático en sus vínculos con Washington. Toleran las desmesuras de Trump, como lo han hecho Peña Nieto o Trudeau, pero sin someterse a sus exigencias ni amenazas.

En ausencia de Trump en la Cumbre de las Américas que se prolongará hasta el sábado, Willbur Ross su Secretario de Comercio llegó a Lima con el mandato de defender la relación comercial de EEUU con América Latina y cuestionar el protagonismo de China en la región.

Washington insiste en que EEUU sea el “socio preferencial” de la región, mientras parece ignorar los vínculos diversos y globales, tanto económicos como diplomáticos, establecidos por la región con China, que es ya el principal socio comercial de América del Sur y no EEUU.

Ese planteo de la Administración Trump, expresado por Tillerson en su momento, en distintas declaraciones de Ross, Lighthizer, Bolton o Pompeo y del propio presidente a favor de la lógica de la “guerra fría”, avivan los recuerdos lacerantes del tiempo en que Washington consideraba a América Latina su “patio trasero” y creía tener una autoridad de intervención en sus asuntos internos.

La VIII Cumbre en Lima otorga además a los gobernantes del hemisferio la oportunidad excepcional de hacer un esfuerzo regional sostenido, para resolver la profunda crisis venezolana, que alcanza ribetes de drama humanitario. Es difícil considerar una oportunidad similar en el futuro cercano para que los líderes del continente logren al menos algunos avances para frenar una dramática y próxima implosión venezolana.

Fuente: New York Times – Redacción Marco

 

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