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Territorio comunitario, déficit original del MERCOSUR

Alfonso González Núñez | 09 Julio del 2015

Tal vez suene a exagerado, pero la realidad lo atestigua sobradamente. A 24 años de su fundación, en el MERCOSUR está todo por hacerse. Esta añeja y difundida frase alude a contextos en que si bien organizados y estructurados cumplidamente en la teoría documental, en los hechos, sin embargo, se constata una pobre complementación y correspondencia entre la ejecutoria y los enunciados jurídicos y programáticos.

 

El territorio comunitario, esa área geográfica y de derecho originada en la asociación supranacional de Estados soberanos legalizados y regidos por protocolos avalados por las leyes internacionales, se construye en base a la voluntad consensuada de los miembros de obrar en equipo, conforme a las expectativas del grupo, pensando y actuando en función a los intereses del conjunto. Y por conjunto se entiende esa generalidad en que la suma de las partes se transforma en un todo indivisible.

 

Esta visión integral de lo que comporta en la práctica una alianza de naciones independientes, la venimos abordando insistentemente al interior del bloque y en cuanto evento nos cabe participar en carácter de representante de Paraguay en el Parlamento del MERCOSUR.

 

En nuestra región, ese espacio colectivo, en la gran mayoría de los casos, dista bastante aún de materializarse debido a los obstáculos que determinados gobiernos imponen dentro de sus respectivas demarcaciones a la libre circulación de sus consocios, siempre por un manifiesto egoísmo utilitario contrapuesto a los preceptos de la integración acordada en virtud a los convenios suscritos.

 

Las múltiples dificultades aduaneras, patentizada en infladas cargas tributarias y arbitrarios gravámenes extra arancelarios; las diversas restricciones portuarias incitadas por el revoltoso sindicalismo; la represión fluvial y carretera perpetrada por los organismos de seguridad; la pesada, lenta y desapacible burocracia, sumada a la indolencia premeditada, cómplice y culpable de las autoridades de rango nacional, y la impalpable disposición por frenar y suprimir estas anormalidades, reflejan rotundamente que en el MERCOSUR el territorio comunitario es todavía una entelequia con larga vida por delante.

 

En consecuencia, la Presidencia de la Delegación de Paraguay en el Parlamento del Mercosur exhorta a que en la próxima cumbre de Brasilia se incluya este tema en la agenda de trabajo, para durante la Presidencia Pro témpore de Paraguay concertar y adoptar las providencias necesarias que tiendan a corregir aunque fuere gradualmente, pero con sostenimiento, las falencias que enrarecen y retardan la evolución cualitativa y cuantitativa de ese ámbito multilateral que en la segunda quincena del presente mes de julio admitirá al sexto socio pleno.

 

El prestigio, la confianza y la credibilidad que pretendemos exportar más allá de nuestras fronteras comunes solo será factible si en casa los componentes más influyentes y predominantes de la familia del MERCOSUR vislumbran a sus colegas como iguales, dispensándoles un trato deferente y comprensivo, reconociendo las complejidades del crecimiento económico que aquejan especialmente a Paraguay, y actuando con el liderazgo que se figuran ostentar, lo que se traduce en la capacidad de enmienda y la sapiencia de efectuar las puntuales concesiones y compensaciones establecidas en el propio Tratado de Asunción.

 

Trabajar con responsabilidad para aminorar sustancialmente las deudas, pasivos, débitos y déficits que almacena y acrecienta el MERCOSUR para con el sistema globalizado de convivencia abrazado por la moderna civilización, es un reto constantemente aplazado a raíz de una reaccionaria perspectiva que literalmente rompe con el compromiso corporativo sometiéndolo a discrecionalidades unilaterales incompatibles entre quienes proclaman afinidad de propósitos, solidaridad vinculada e identidad en los logros.

 

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