10 de Diciembre de 2018| Última actualización 08:07 GMT

Trump destituye a Rex Tillerson y nombra secretario de Estado al “halcón” Mike Pompeo

Marco Trade News - Fuente: Agencias DPA – AFP – BBC | 14 Marzo del 2018
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Autor imagen: GETTY IMAGES

En lo que constituye otra victoria para el sector proteccionista y partidario de recuperar la hegemonía global de EEUU, el presidente nombró al ex director de la CIA a cargo de las relaciones internacionales de su país.

 

La aplanadora Trump aplastó a un funcionario más de su inestable gabinete. Con el despido de Rex Tillerson, suman más de 20 los desplazados. Uno de cada tres empleados que Donald Trump incorporó  al inicio de su mandato se marcharon de la Casa Blanca antes del primer aniversario del mandato, el pasado enero. Es la cifra es la más alta registrada en la historia de EEUU.

 

Para Trump, que durante años presumió de ser un gran ejecutivo, los resultados son mucho peores que los de sus predecesores. Su Administración perdió el 34% de sus convocados solo durante el primer año, la mayoría en puestos claves que reflejan el clima imperante en la Casa Blanca con un presidente al que sus colaboradores despedidos señalan como inestable, irreflexivo y cruel.

 

El grupo de los “moderados” ha sido diezmado en las últimas semanas con la renuncia de Gary Cohn, un ex presidente de Goldman Sachs; y el despido ahora de Rex Tillerson, ex director ejecutivo de Exxon. Ambos se oponían al rumbo proteccionista y autoritario de Trump, alentado por el cenáculo de “halcones” como Robert Lighthizer, Peter Navarro, Willbur Ross y el ahora designado Mike Pompeo, propensos a interpretar el mundo de manera binaria entre “amigos” y “enemigos”, colocando en este bando a China, Rusia, Irán y Corea del Norte.

 

Trump en su corto mandato arrasó con Sean Spicer, su primer portavoz; Steve Bannon, su estratega jefe; Reince Priebus, su primer jefe de gabinete; Hope Hicks, directora de comunicaciones; Sally Yates, Secretaria de Justicia; Michel Flynn, asesor de seguridad nacional que duró 23 días; Katy Walsh, colaboradora de Priebus; James Comey, jefe del FBI; Dina Powell, consejera de Medio Oriente; Mike Dubke, otro director de Comunicaciones, que duró tres meses, algo más de los 10 días que Antonio Scaramucci, permaneció en el cargo; Sebastián Gorka, asistente en temas de terrorismo, y un largo etcétera de cargos de distinta jerarquía que fueron despedidos por Trump.

 

Según un recuento de The New York Times, de las 12 posiciones más cercanas al presidente, solo cinco siguen siendo ocupadas por la misma persona. Ese recuento fue antes de la salida de Cohn y Tillerson!!

 

Tillerson se oponía a la salida del Acuerdo de París contra el Cambio Climático; era contrario a mover la Embajada a Jerusalén y en general a la estrategia de Trump en el Medio Oriente, y sobre todo a terminar con el pacto nuclear con Irán contradiciendo a los aliados históricos. Salvo este último aspecto donde contó con el apoyo del consejero de Seguridad Nacional, Herbert McMaster  y del secretario de Defensa, James Mattis, en todo lo demás fue aplastado por Trump.

 

El enfrentamiento era tal, que Tillerson había confesado a sus colaboradores que Trump era “un estúpido”, de lo que el presidente se dio por enterado y aunque dijo que no creía que lo hubiera dicho, lo desafiaba a un test de inteligencia. Otra ex asesora de prensa de Trump, Omarosa Manigault, que abandonó el puesto en medio de un escándalo por maltrato, confesó que “no volvería a votar a Trump ni en un millón de años”.

 

El recambio de Tillerson por Pompeo -hasta ayer director de la CIA- lleva al Departamento de Estado a uno de los hombres de la ultraderecha estadounidense. Pompeo es un ex congresista republicano ultraconservador y seguidor del Tea Party, que impulsa un giro a la derecha entre los republicanos desde hace años. Estuvo cuatro períodos en la Cámara de Representantes, donde integró el controvertido Comité de Inteligencia. Pompeo, el defensor más acérrimo del presidente en los últimos meses, coincide con Trump no sólo en una ideología nacionalista y conservadora, sino en un trato despiadado con sus subordinados. En materia internacional es defensor de la línea dura,  lo que ya mostró como director de la CIA, donde sostuvo que la Agencia “para exitosa debía ser agresiva, implacable, tenaz” y bromeaba con solucionar el problema coreano asesinando al líder Kim Jong-un, una temida evocación a los tiempos más negros de la CIA en lo que apoyaba el asesinato de los líderes y políticos que, en el mundo, no compartían sus posiciones.

 

 

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