10 de Diciembre de 2018| Última actualización 07:45 GMT

Trump firma el decreto de los aranceles y empuja al mundo a una guerra comercial

Marco Trade News - Fuente: EFE – Finanzas.com | 09 Marzo del 2018
Guerra

Autor imagen: GETTY IMAGES

El presidente Trump tras firmar este jueves, el decreto de los aranceles, ha dado un paso más hacia una previsible “guerra comercial”, intentando hacer retroceder el reloj de la historia con un proteccionismo nacionalista que atrasa 70 años.

 

La disposición es un símbolo de la victoria exultante de los sectores ultra defensores de un nacionalismo decimonónico, que se ha apoderado de la Casa Blanca. Retomando las banderas del patriotismo económico, en un salto al vacío, Trump decidió fortalecer aún más la tendencia estadounidense al aislamiento y lanzar una señal al mundo a favor del proteccionismo.

 

En una foto que remeda las escenas más bizarras del populismo latinoamericano, Trump firmó el decreto de aranceles, rodeado de trabajadores de la industria siderúrgica, en el Salón Oval, dejando una imagen que evoca a las de Nicolás Maduro. “No tomamos estas acciones por elección, sino por necesidad”, aseguró durante la ceremonia de la firma.

 

Como sucede habitualmente en sus decisiones, la medida fue atemperada con la exclusión temporal de México y Canadá, pero usando esa exclusión como una amenaza explícita para lograr un acuerdo del TLCAN acorde son sus intereses: “Tengo la impresión de que vamos a alcanzar un acuerdo sobre el TLCAN (...) Si lo logramos, no habrá aranceles para Canadá y México”.

 

En una entrevista con la cadena CNBC, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, fue aún más explícito: “No hay duda de que estas acciones que ha adoptado el presidente son una motivación más para que Canadá y México lleguen a un acuerdo justo con Estados Unidos”.

 

Para Trump, “la industria nacional ha sido diezmada por décadas de importaciones precios más bajos que el de los productores nacionales”.

 

Explicaciones como competitividad, eficiencia productiva, revolución tecnológica, etc. que son centrales para explicar el retroceso de algunas producciones en determinados países, para el presidente de EEUU no son suficientes. Hay que regresar a los tiempos en que las cosas eran distintas, donde América era la primera y hegemónica potencia mundial.

 

La globalización para Trump no ocurrió y es posible hacer retroceder el curso de la historia. Y retoma peligrosos argumentos de la Guerra Fría, como  que el daño al tejido industrial no solo afecta a pérdidas masivas de empleo sino que amenaza la seguridad nacional en caso de bloqueo exterior. El remedio para Trump, como para los peores populismos en el mundo, es poner barreras arancelarias.

 

Y esas barreras son “armas”: “Los aranceles no serán efectivos por al menos otros 15 días y vamos ver quién nos está tratando de manera justa y quién no” en una amenaza que sería infantil sino fuera peligrosamente trágica para el mundo, que conoció las consecuencias catastróficas de los nacionalismos exacerbados en la primera mitad del siglo XX.

 

“Durante años hemos sido atacados, hemos vivido un auténtico asalto. Han inundado nuestra tierra con metal barato, subsidiado. Han practicado el dumping [venta por debajo del coste de producción para perjudicar a los competidores].

 

Millones de trabajadores lo han sufrido, comunidades enteras han sido destruidas. Háganse una idea: en un mes China produce más acero que EEUU en un año", afirma Trump.

 

Es un relato falto a la verdad, en tanto China sólo es proveedor de menos del 2% del acero importado por EEUU y en el caso del aluminio, ese país importa, elabora y reexporta productos elaborados de aluminio, pero que como en muchas otras partes del mundo, los sindicatos repiten de manera inconsistente.

 

En un comunicado Richard Trumka, presidente de la AFL-CIO, la principal asociación gremial del país, celebrando las medidas proteccionistas expresó que “la verdadera guerra comercial es sobre los trabajadores y nos han estado pateando el culo durante décadas”.

 

El argumento del mandatario de que tanto el acero como el aluminio son “vitales para la seguridad nacional”, por su presencia en infraestructuras y en la fabricación de material relacionado con el ámbito de Defensa, lo que incidió en la necesidad de proteger ambas industrias, es falaz. Solo responde a retornar a su papel mediático preferido: el de un outsider que se enfrenta en solitario a la injusticia universal. Y que ha sido la fuente de miles de western en el cine de su país.

 

En algo tiene razón Trump: el déficit comercial de EEUU, que él estima en 800.000 millones anuales, es la demostración de un fracaso histórico. Pero no proviene de la postergación de los intereses nacionales en favor de otros países sino de la apuesta estadounidense a dos fuentes fáciles de dinero: el negocio financiero y los seguros, lo que un economista británico llamó “la gran aspiradora de dinero”. EEUU abandonó en manos de Asia la “vieja” producción manufacturera, los “blue jobs” que ya no le interesaban.  Ahora en plena Revolución Industrial 4.0 pretende retroceder y es muy tarde.

 

Para Trump, con su visión binaria e infantil, los que se han aprovechado de EEUU merecen castigo. Es de elemental justicia. Y los castiga no dándoles acceso a su mercado. Para el resto del planeta es puro aislacionismo y trae consecuencias.

 

La ministra alemana de Economía, Brigitte Zypries, denunció este viernes el “proteccionismo de EEUU es una afrenta hacia socios cercanos como la UE y Alemania y hacia el libre comercio”. El Ministro de Comercio surcoreano, Paik Un-gyu, dijo: “Lamentamos la decisión de EEUU de imponer aranceles sobre las importaciones de acero pese a que nuestro Gobierno ha señalado a través de distintos canales los problemas que acarrea esta acción (..)  va a suponer un golpe importante para las exportaciones surcoreanas de acero a EEUU”. Taro Kono, ministro de Asuntos Exteriores de Japón, calificó de “lamentables las medidas arancelarias aprobadas por EEUU sobre las importaciones de acero y aluminio” y señaló: “Esta medida puede afectar mucho la cooperación económica entre Japón y EEUU y al comercio internacional”.

 

La pugna comercial, aunque al final quede atemperada con excepciones, se ajusta al relato anti-establisment de Trump: “Esto es una promesa de campaña y la voy a cumplir. Todos los políticos lo han denunciado pero nunca han hecho nada. Conmigo esto va a cambiar…”. Es la lección que da al mundo “un héroe solitario” al que no lo somete el aparato del poder ni el resto del planeta.

 

Queda por ver la respuesta en los hechos que instrumenten China y Europa y esperar que el efecto del nacionalismo proteccionista de Trump no agudice una guerra comercial, de efectos demoledores sobre el orden mundial.

 

 

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