22 de Julio de 2018| Última actualización 10:32 GMT

Trump redobla la apuesta con nuevos aranceles por u$s 200.000 millones sobre China

Marco Trade News | 12 Julio del 2018
Guerra_comercial

Autor imagen: Foto cortesía

La batalla comercial entre EEUU y China ya puede considerarse una guerra comercial a gran escala. Washington adelantó una nueva nómina de más de 6.000 productos chinos sujetos a un 10% a partir de septiembre

Donald Trump ordenó este martes a la Oficina del Representante de Comercio Exterior que conduce uno de sus “halcones” Robert Lighthizer, que active el proceso para fijar nuevos aranceles del 10% sobre más de 6.000 productos chinos, con un valor de exportación de unos u$s 200.000 millones anuales.

Es la respuesta matonil de Trump a los gravámenes impuestos por Beijing a productos estadounidenses, como respuesta a los aranceles que, unilateralmente y contra las reglas de la OMC, aplicara Washington a los productos chinos.

La Casa Blanca divulgó un listado de bienes chinos a los que propone imponerles un gravamen del 10%, que incluye productos alimenticios, electrónicos, componentes de televisores, tabaco, alimentos para perros y gatos, muebles, alfombras, bicicletas, papel higiénico, carbón, químicos y neumáticos.

La justificación dada por el representante comercial, Robert Lighthizer, al anunciar los aranceles propuestos, reviste las características de ícono de la hipocresía: “Por más de un año, el Gobierno de Trump ha instado pacientemente a China para que detenga sus prácticas injustas, abra sus mercados, y participe en una verdadera competencia de mercado” (..) “En vez de abordar nuestras legítimas preocupaciones, China comenzó a tomar represalias sobre productos estadounidenses (..) No hay una justificación para dicha acción”.

China no comenzó nada e incluso aceptó negociar una fuerte apertura de sus mercados a los productos estadounidenses, lo que motivó un viaje de Mnuchin y Ross a Beijing y unos días después, un preacuerdo en Washington con el viceprimer ministro Liu He, asesor económico del presidente de China, Xi Jinping.

Pero el preacuerdo que mostraba la favorable predisposición china, estaba destinado por parte de EEUU, desde el comienzo al cesto de la basura, porque el déficit y la guerra de aranceles es una gigantesca “tapadera” de Trump y sus “halcones” para disimular su verdadera intención: pulverizar los avances tecnológicos de China expresados en el plan “Made in China 2025” que pondría al gigante asiático en la primera línea de la innovación del siglo XXI.

Washington impuso gravámenes del 25% sobre importaciones chinas con un valor de u$s 34.000 millones de dólares pero pretendía que Beijing lo aceptara sin pestañar y considera “sin justificación” recibir medidas equivalentes de sentido inverso.

La tendencia a la exageración no es una política negociadora de Trump sino una “representación teatral y mediática” dirigida a su público electoral. Por eso afirma ahora que podría imponer aranceles a más de u$s 500.000 millones en productos chinos, es decir más que el total de las importaciones estadounidenses desde China (sic!).

Para algunos grupos comerciales estadounidenses e importantes legisladores criticaron de inmediato la medida, a la que consideraron inapropiada. El republicano Orrin Hatch, que preside la Comisión de Finanzas del Senado, dijo que “parece imprudente y sin un enfoque específico”.

La Cámara de Comercio de EEUU que había respaldado la política de Trump a favor de menor la regulación en los negocios y la reducción impositiva, ahora se manifiesta contraria  a los aranceles propuestos: “Los aranceles son impuestos, simple y sencillo. Imponer impuestos sobre otros productos valorados en 200.000 millones de dólares aumentará los costos de los bienes diarios de las familias estadounidenses, agricultores, trabajadores y creadores de empleos”.

Además señaló un portavoz de la Cámara, ello acarreará “aranceles de represalia, dañando aún más a los trabajadores estadounidenses”.

Siguiendo el mismo método de anteriores amenazas, Trump hizo saber que esos nuevos aranceles se aplicarían a partir de septiembre, con lo que logra su “show”, crea un daño más en la relación con China, sigue amedrentando a sus “socios históricos” y si las cosas se complican en el frente interno o se deteriora la confianza inversora, tendría tiempo de recular.

Por eso, sus funcionarios dijeron que se abre un proceso de dos meses ‘para permitir que el público comente sobre los aranceles propuestos’ antes de que se termine de definir la nueva nómina.

Fuente: Reuters – Redacción Marco

 

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