22 de Julio de 2018| Última actualización 10:56 GMT

En apenas unas horas, dos ministros se marchan y el gobierno de May se desmorona

Marco Trade News | 10 Julio del 2018
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Autor imagen: Foto cortesía

Marco lo anticipó ayer: el presunto acuerdo de Chequers era el preludio de nuevos problemas y el gobierno británico se desgaja en contradicciones y luchas intestinas.

A nueve meses de que se concrete el Brexit, el gobierno del Reino Unido no logra hacer pie en una estrategia para abandonar la UE y se despedaza en medio de traiciones y pujas internas.

En la medianoche del domingo, fue David Davis, el ministro encargado de negociar la salida de Reino Unido de la Unión Europa, quien presentó su renuncia que fue seguida de la de su  segundo, el secretario de Estado para el BrexitSteve Baker. Y horas después, ya en lunes, lo hizo e ministro de Exteriores, Boris Johnson, poniendo ante el precipicio al gobierno de Theresa May, a quien le queda apoyarse en los unionistas norirlandeses (ultraderecha nacionalista) para gobernar.

Ambas renuncias fueron el coletazo de la reunión de Chequers, donde el gabinete de Theresa May, tras doce horas de deliberaciones, aprobó un plan propuesto por la primera ministra, que deberá someter a los legisladores.

Pese al optimismo de ciertos medios británicos –la cadena BBC tituló The deal is done. Marco Trade News anticipó que los problemas solo estaban por llegar, porque los Brexiteers reivindicaban un “nacionalismo” con vetustas reminiscencias imperiales y querían irse de Europa dando un portazo soberano.

Para May ambs renunias se deben a que “no estamos de acuerdo en cuál es la mejor manera de honrar nuestro compromiso resultante del referéndum de 2016”, una tibia respuesta a meses de traiciones dignas de las tragedias de Shakespeare.

La funesta improvisación de los que pergeñaron con trampas y manipulaciones, un referéndum que solo tenía como objetivo extorsionar a la UE en concesiones al Reino Unido, con el sorpresivo triunfo ha tenido una deriva nacional-populista en la que el país entero ha quedado atrapado.

Sus actuales líderes no tenían una estrategia y el gobierno británico se ha ido desgajando en contradicciones y luchas intestinas, consumiendo de manera alarmante los dos años que tenía para negociar su salida con Bruselas.

La tardía “invención” de un Brexit "suave", que incluiría una zona de libre comercio entre el Reino Unido y la UE, que podría contar con la adhesión de las empresas británicas alarmadas por las ruinosas consecuencias de una salida dura, fue resistida por quienes promovieron la votación de 2016, como Johnson, Davis y Baker, que soñaban con dar un portazo a sus ex socios europeos.

Johnson, un manifiesto admirador de Trump y de sus excesos teatrales, no dio explicaciones de su dimisión pero se especula un posible intento de su parte por liderar una moción de censura contra May y convertirse en candidato a primer ministro. Su renuncia, como explicó la editora de política de la BBC, Laura Kuenssberg, convirtió una “embarazosa y difícil situación para la primera ministra en una potencialmente gran crisis”.

May se ha apresurado a sustituirlo por Jeremy Hunt, hasta ahora su ministro de Sanidad, lo que confirma su extrema debilidad ya que no ha podido convocar a una figura de peso político que concitara la adhesión de los conservadores.

El Partido Conservador de May solo tiene mayoría en el Parlamento con el apoyo de los 10 diputados del Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte, por lo que cualquier división plantea dudas no solo acerca del plan propuesto por May sino sobre su propia supervivencia a cargo del Gobierno. Importantes analistas británicos señalan que le será muy difícil a May conseguir el respaldo de los legisladores sin hombres como David Davis.

La primera ministra tiene por delante varias tormentas: pasar la aprobación de la Cámara de los Comunes y encontrar soluciones en los nueve meses que le quedan a la negociación de la salida para problemas tan complejos como la deuda del Reino Unido con la UE (entre 47.000 y 54.000 millones de euros); el acuerdo sobre aduanas; la circulación de ciuddanos europeos; la frontera de Irlanda del Norte o el estatus de los acuerdos comerciales bilaterales.

Por otra parte, el plan pergeñado por May en Chequers y que ahora ha volado por los aires, tampoco era fácilmente aceptable para Bruselas, donde los más duros lo consideran inasumible.

El presidente del Consejo Europeo de la UE, Donald Tusk, expresó en su cuenta de Twitter un deseo que recorre Europa: que la renuncia de Johnson pudiera desencadenar un proceso de marcha atrás con el Brexit. “Los políticos van y vienen pero los problemas que han creado a la gente permanecen. Sólo puedo lamentar que la idea del Brexit no se haya ido con Davis y Johnson. Pero…¿quién sabe?”, escribió Tusk.

Queda por ver la reserva de pragmatismo y racionalidad que pueda quedar en las filas conservadoras británicas y en los líderes del laborismo, para no arrastrar al país a una encrucijada ruinosa. Porque como escribió estos días, Mark Malloch-Brown (El fin de la Gran Bretaña global) “la aspiración de los Brexiteers de conducir a la vasta "Anglosphere" a un mundo nuevo y pujante, se ha convertido en un delirio cómico”.

Fuente: Agencias – Redacción Marco

 

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