25 de Febrero de 2018| Última actualización 12:26 GMT

Vagas definiciones económicas y comerciales en el discurso de Trump sobre el estado de la Unión

Marco Trade News - Fuente: El País, AFP, La Vanguardia | 01 Febrero del 2018
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Autor imagen: Foro Económico Mundial

 

Aunque como en Davos, el actual presidente de EEUU, quiso ser moderado y solemne, predominó su experiencia de show televisivo y dio un recital de histrionismo autocomplaciente. Pero la política comercial y las definiciones económicas, estuvieron ausentes en su primer discurso sobre el estado de la Unión. Como señaló el diario El País de España “un recital de cómo dar la vuelta al mundo sin moverse del sitio”.

 

Sus grandes obsesiones personales y políticas: la seguridad, el orgullo y hacerse respetar o temer, fueron ejes de su discurso más cercano a la guerra fría que a los problemas de la globalización y la subsistencia planetaria. Muro, Guantánamo, veteranos de guerra, muro, rechazo a los inmigrantes y un nacionalismo cerril, reiteraron que Trump no se mueve un milímetro de sus prejuicios.

 

Pero de cómo se encaminará EEUU para superar su extraordinario déficit comercial y poner a flote la economía de su país, muy poco. Dejó en claro que su reforma fiscal es sólo una parte ya que “el equipo económico está desarrollando una reforma impositiva histórica que va a reducir la alícuota que pagan nuestras compañías para que puedan competir y prosperar en cualquier lugar”. Sin explicar cómo compensará el agujero fiscal consecuente ni quiénes serán los perdedores.

 

Volvió a quejarse de que “muchos otros países nos hacen pagar aranceles e impuestos muy altos, pero cuando las compañías extranjeras ingresan sus productos a EEUU, nosotros les cobramos nada o casi nada”, algo que reitera a cada día, sin explicar las consecuencias de iniciar una guerra comercial de proporciones. Sería interesante que leyera el lúcido artículo de Stephen Roach, ex presidente de Morgan Stanley Asia y profesor e investigador principal de la Universidad de Yale, sobre “Cómo perder una guerra comercial”.


Entre las mentiras y medias verdades que Trump deslizó en su discurso hay una de relevancia para el comercio internacional: “Muchas compañías automotrices ahora están construyendo y expandiendo plantas en los EEUU, algo que no hemos visto en décadas”. Es notoriamente falso. Hyundai se instaló en Alabama en 2005. Tesla en 2010, adquirió y actualizó una antigua fábrica para producir sus vehículos eléctricos. Toyota abrió su fábrica de Mississippi en 2011. Y la noticia de Trump de que “Chrysler está moviendo una planta importante de México a Michigan”, es una media verdad: Chrysler anunció que trasladará la producción de camionetas pickup de México a Michigan, pero no cerrará la planta mexicana. Comenzará a producir otros vehículos para el mercado global y no se prevé ningún cambio en su personal.

 

Pese a que Trump dice que heredó un caos, la actual bonanza económica, en buena parte resultado de la gestión Obama, le permite extralimitar sus expectativas y acelerar su apoyo al llamado “impuesto fronterizo” que propone Paul Ryan, una reforma radical al código tributario que gravaría las mercaderías según su destino y que impondría a las importaciones impuestos más elevados que a las exportaciones. Tal impuesto penalizaría a los grandes importadores, protegería a los fabricantes norteamericanos y genera presión al alza sobre el dólar. El exceso de optimismo reside en que Trump espera que la  recaudación  tributo compense las pérdidas que acarrea la reforma fiscal (ahora ampliable), el 1,3 billones de dólares que pretende para infraestructura y el aumento del gasto de defensa, sumado a los intereses del crónico déficit estadounidense.

 

Mientras abre nuevos frentes de conflicto semana a semana y malgasta su capital político para dar cuenta de sus obsesiones, demora la presentación de un plan económico consistente, capaz de pasar por el Congreso. Y acelera peligrosamente por el sendero de una guerra comercial de consecuencias imprevisibles. El abucheo de Davos todavía resuena. Habrá que ver cuánto dura la inestable paciencia de los mercados.

 

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